El animal

Todo sucedió por casualidad, como suelen ocurrir las cosas importantes, aquellas que cambian el rumbo de las somnolientas vidas de los individuos. Era una mañana luminosa  y fresca de un tiempo tan pretérito  que se pierde en la memoria  profunda de la historia.  Aquel día Lucy y sus compañeros se disponían a ir de caza,  la comida comenzaba a escasear. Durante  los días anteriores el cielo iracundo había vomitado agua,  trozos de luz  y ruidos atronadores impidiéndoles salir de caza.

A Lucy le encantaba fisgonear  en aquel entorno hostil que, sin embargo, resultaba atractivo a los jóvenes ojos de la muchacha.  Siempre había mostrado una destreza  impropia a su condición y a menudo despertaba  suspicacias en el grupo.

Llevaban caminando  un buen rato cuando se encontraron con la bestia en el claro de un pequeño bosque que mostraba los estragos de la voracidad de la bestia.  Estaba por todas partes. El  grupo asustado intentó retroceder, Lucy en cambio, en un ademán decidido, se acercó.

Ya habían visto muchas veces a aquel animal, y cada vez que intentaron  acercarse a él  una fuerza desconocida se lo  había impedido.  A la muchacha pocos  animales se le habían resistido, pero aquel…aquel era inasible. Aparecía en cualquier momento, sobre todos tras las  repentinas cóleras venidas del cielo. Era un  animal sin forma ni textura, comparable a ningún otro por ella conocido.  Desaparecía para aparecer bajo una apariencia distinta y en otro lugar.  Dependía un olor hondo e indefinible tan difícil de olvidar que permanecía durante largo tiempo en la memoria de aquellos que habitaban esas tierras.

De todos los animales conocidos Lucy podía distinguir la destreza  de cada uno: los había rápidos, otros astutos o ligeros y silenciosos, pero la destreza de aquel animal era mágica y misteriosa. Su fuerza  era inmensa, se comía todo lo que tocaba y mientras más comía más crecía. Y cuando se cruzaba con el viento,  era cautivo de una  violencia incontrolable. Ahí por donde pasaba el paisaje cambiaba, y dejaba aquel olor tan intenso como indefinible.

Esta vez Lucy estaba dispuesta a acercarse a la bestia que aparecía sobre todo de los árboles ostentando una ligereza incorpórea que le  hizo pensar en el alma de los animales muertos.

Quiso acercarse con sigilo a las formas menores y más apacibles de la bestia, cogió un palo y  lo acerco a la más pequeña e indefensa cuyos movimientos eran lentos y acompasados. Lucy acercó el trozo de madera y le dio pequeños golpes, de repente el animal se despertó furibundo y saltó alrededor del palo, y ahí se quedó, Lucy sorprendida intentó desalojarlo, pero el animal permaneció acurrucada alrededor de su nueva morada, parecía manso y ahora daba pequeños movimientos suaves y disímiles.            Los otros miembros del grupo intentaron acercarse a la muchacha pero esta les hizo un gesto indicándoles que se quedaran atrás.  Lucy soltó el palo y vio como lo bestia se lo comía.  Al tenerla tan cerca la muchacha se dio cuenta que le procuraba un agradable bienestar que le recordaba el regazo de su madre o la calidez de  las pieles que le daban refugio en las frías noches de invierno.

Pensó entonces  que no todas las criaturas de la naturaleza servían como alimentos, que seguramente habían muchas que tenían otros efectos benéficos para el grupo,  a la bestia aun no le había encontrado ninguna utilidad, pero ya la encontraría,  no le cabía duda. Los antepasados le habían enseñado que cada criatura tiene una función  asignada, era la razón de ser de todas los seres que habitan la Tierra.

Cogió nuevamente el palo decidida a llevarse a la pequeña bestia cautiva al reducto en donde se encontraba el resto del clan. Ahora el animal parecía  menos hambriento. Llegaron al campamento sin comida, con el animal amansado y la curiosidad alborotada.

Lucy se dio cuenta que las formas del animal menguaban, con premura  le acercó otro trozo de madera a modo de comida, y sin hacerse esperar el animal se apoderó de su presa. Sus formas crecieron y sus ademanes se hicieron violentos, la muchacha se mantuvo firme, estaba decidida a no dejar escapar su trofeo.

Llevaron a la bestia al interior de la guarida, la instalaron en un lugar apartado aunque visible, del habitáculo. Para apaciguar sus exuberantes formas y conseguir que  permanezca en el mismo lugar había que alimentarla con pequeñas cantidades de comida, así la mantendrían controlada, tampoco debían de  acercarse mucho ni aun menos tocarla. Si cumplían  estas  indicaciones  el animal  podría permanecer con ellos, la muchacha estaba segura de la naturaleza benévola del animal, descubrirla era sólo cuestión de tiempo, y eso abundaba en la vida de Lucy.

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