Cómo desarrollar la creatividad cotidiana

Hasta épocas recientes el verbo crear se conjugaba en el presente del indicativo y casi siempre en primera persona, y la mayoría de las necesidades: ropa, enseres, e incluso la vivienda, se satisfacían gracias a la destreza de nuestros ancestros, lo que permitía desarrollar una gran creatividad cotidiana. Hoy en día este verbo, casi en desuso, ha quedado relegado a un pretérito remoto.
Nuestro actual estilo de vida, basado en la inmediatez, en un consumo fácil y en la falta de tiempo, ha mermado de manera considerable nuestros recursos creativos. Poco, o nada, intervenimos en la elaboración de los objetos que nos rodean y para resolver los problemas cotidianos rara vez acudimos a nuestro genio creador. Esta situación contrasta con la explosión creativa que vivimos en el ámbito de las tecnologías que, aunque la contemplamos extasiados, se encuentran sin embargo tan alejadas de nuestros desvelos cotidianos.
Otro elemento que inhibe nuestro espíritu innovador son los tabúes. Ser creativos está a menudo relacionado con artistas y genios extravagantes. La creatividad es más una cuestión de voluntad que de un talento innato. Todos, en mayor o menor grado, podemos ser creativos. No se trata, por supuesto, de alcanzar el talento genial de un Dalí o de un Einstein, sino más bien de poner una dosis de ingenio y de color a nuestras vidas. A diario estamos enfrentados a situaciones que ponen a prueba nuestra capacidad de innovación y de nosotros depende aprovecharlas para convertir nuestro día a día en algo más agradable y menos rutinario.
Aunque para ser creativo no es necesario gozar de un talento natural, se requiere sin embargo, un esfuerzo y una actitud hoy en día poco corriente. Para adentrarnos por los senderos de la creatividad debemos, en primer lugar, desechar una serie de actitudes negativas tales como la critica constante, la autocensura, el miedo. Estas son actitudes que en definitiva confinan al espíritu creador dentro de los estrechos limites de la mediocridad. Una persona poco creativa frente a los problemas se bloquea y sucumbe en una carrera agotadora que provoca agobio y estrés.
La presente propuesta desea mostrar que todos podemos ser creativos y que una actitud innovadora aporta una mayor calidad de vida y mejora nuestra autoestima

¿Qué es la creatividad?
La creatividad es uno de los términos más vago, ambiguo y confuso. Paul Torrance, uno de los primeros y más prolíficos investigadores del área, plantea que la creatividad precisa de una definición, pero opina que aunque supiéramos exactamente qué es, no podríamos definirla con palabras. Otros expertos intentan una aproximación más científica, y piensan que la creatividad es la habilidad de producir una obra (una producción) novedosa (es decir, original e inesperada) y apropiada (es decir, útil y adaptada a las exigencias del medio)
A continuación expongo algunas definiciones sobre creatividad consideradas como relevantes:

Creatividad es la aptitud para combinar conjuntos originales a partir de elementos preexistentes: Combinar lo que ya es conocido para obtener lo nuevo. La creatividad es un proceso esencialmente combinatorio.

Creatividad es el hecho de unir, relacionar dos dimensiones hasta ese momento extrañas la una con la otra.

La creatividad es la facultad de la inteligencia que consiste en reorganizar los elementos del campo de percepción de una manera origina y susceptible de dar lugar a operaciones dentro de cualquier campo.

En términos coloquiales se confunden a menudo el concepto de creatividad y creación. Creación es el acto de crear, mientras que creatividad es el proceso que culmina en el acto creativo.
La creación hace referencia hallazgo súbito, al instante de la iluminación. Es el ¡EUREKA! De Arquímedes. La creatividad es el camino recorrido que nos conduce hacia el acto de crear, es en definitiva, es un instrumento de trabajo. Hoy en día la creatividad es fundamental para responder con eficacia a la oleada de cambios constantes.
Pero, no se puede hablar de creatividad sin desmitificar algunas de las ideas que han circulado a lo largo de la historia sobre la creatividad, muchas de las cuales son el fruto de la ignorancia y de la intuición infundada. La historia de la creatividad ha estado rodeada, hasta fechas recientes, de un halo de romanticismo y misterio. En torno a ella se han tejido mitos que los científicos están intentando aclarar. Uno de estos mitos es la creencia de que la creatividad es una habilidad reservada sólo a ciertos pensadores, científicos, artistas excepcionales, o mentes maravillosas. Este mito está equivocado al menos en dos sentidos. Primero, la creatividad se encuentra repartida entre todas las personas. Segundo, no es necesario poseer un talento excepcional para ser creativo. Hoy día, se piensa que las mentes creativas se forjan con la combinación de conocimiento, motivación, inteligencia y mucho, mucho trabajo.
Otro de los mitos históricos es la creencia de que la creatividad es un mero proceso personal. Como ejemplos paradigmáticos de esta popular creencia podemos señalar las producciones de poetas, músicos y pintores. Hay una especie de consenso entre los especialistas a la hora de considerar estas obras como resultado de un trabajo solitario, intenso y prolongado. Los psicólogos sociales se han encargado de desenmascarar la quimera. Existen pruebas sólidas que demuestran que la realidad es engañosamente simple. Se trata de un fenómeno complejo que incluye elementos de carácter social, cultural e histórico (todos estos son factores que determinan el grado de creatividad del individuo)
También, existen mitos que enfatizan el papel del inconsciente en la creación. Esta tradición se inspira principalmente en el psicoanálisis. El hecho de que la persona a menudo no pueda contarnos los procesos de pensamiento que la llevan a una producción notable no justifica la suposición de que en esos procesos intervenga el inconsciente y que sea exclusivamente el resultado del insight (descubrimiento súbito)
Así, se afirma cada vez más que la capacidad creativa tiene poco de inspiración mágica, y que depende sobre todo, aunque no exclusivamente, del aprendizaje y del trabajo.
Existen muchos enfoques destinados a explicar y desarrollar la creatividad, pero en lo que concierne este curso es el enfoque social y personal el que más nos interesa. Este está centrado en variables como: la personalidad, la motivación, el ambiente y la cultura.
En este enfoque la motivación constituye uno de los centros de interés siendo la autorrealización su principal fuerza. Algunos destacan la motivación intrínseca (relacionada con el talento innato); otros enfatizan la tendencia hacia el éxito (como factor de motivación) Los estudios de Amabile y sus colegas demuestran que el rendimiento en tareas creativas, como escribir poemas o realizar colages, aumenta de manera importante cuando se utilizan como motivadores factores intrínsecos (factores inherentes al individuo), en lugar de extrínsecos (factores relacionados con el entorno externo) La creatividad no sólo requiere motivación sino que también la genera. Si a los estudiantes se les ofreciera en la escuela la oportunidad de demostrar su creatividad, recuperarían sin duda alguna el interés por tareas académicas.
Aunque la motivación es una variable reconocida, no es la única; el ambiente social ha sido destacado como un factor que estimula o inhibe la creatividad. Se han realizado numerosos estudios con personas eminentes durante extensos períodos de tiempo y en diversas culturas y se ha llegado a la conclusión de que variables como diversidad cultural, guerra, roles sociales disponibles y recursos intervienen en la expresión creativa.
El padre del principal test de creatividad, H. Torrance, distingue entre varios tipos de creatividad:
La creatividad artística,

La creatividad científica y

La creatividad práctica.

Esta última es la que nos permite enfocar los problemas con acierto y pericia. La principal característica de quienes la practican es una gran capacidad de iniciativa que manifiestan de manera permanente y frente a todo tipo de problemas.
Pero, en los países industrializados la facultad de resolver situaciones inesperadas de manera acertada, mediante el ingenio y la economía de recursos, ha menguado de manera alarmante a causa, entre otras cosas, de un consumo compulsivo y voraz. Todo se compra, y los centros comerciales de manera casi milagrosa nos ofrecen soluciones rápidas, eficaces, e incluso baratas, pero que a la larga provocan la atrofia de nuestro sistema creativo. Para qué crear si se puede comprar, es el razonamiento más recurrido. Supuestamente esta actitud nos aporta una considerable economía de tiempo.
Existe otro tipo de creatividad cotidiana asociada a la supervivencia. Esta se pone en marcha cuando estamos enfrentados a situaciones extremas, surge como por arte de magia, por instinto de supervivencia. Si nos encontramos en momentos de peligro desarrollamos recursos creativos inimaginables en situaciones normales.
Esta creatividad de supervivencia cotidiana se manifiesta con toda claridad en países con pocos recursos tecnológicos.
Como en muchos aspectos, nuestra sociedad establece jerarquías entre los diferentes tipos de creatividad, siendo la artística, en su manifestación más incipiente, y la cotidiana, la de “andar por casa” las más desvalorizadas.
En la creación artística también se estilan jerarquías. Goza de prestigio y credibilidad el artista cuyo arte cuenta con el beneplácito de los lobby culturales, independientemente de su talento y de la calidad de su trabajo.

El creativo ¿nace o se hace?
La respuesta es rotunda: Se hace.
Aunque hay personas dotadas de un talento creativo excepcional, -son las menos- todos, bajo determinadas condiciones, innatas o propiciadas por el entorno, podemos ser creativos.
Todos tenemos una musa que inspira nuestros actos. Para los antiguos era Caliope, Euterpe o Talía, para nosotros es la familia, el amor, el reconocimiento profesional, los logros materiales. Sin embargo, poseer una fuente de inspiración es necesario pero no suficiente. Las mentes creativas se forjan con motivación, empeño, conocimientos y trabajo, mucho trabajo.
Pero no sólo es creativa la persona capaz de crear o de encontrar soluciones novedosas a los problemas, sino también la que muestra un apetito insaciable frente al arte o a cualquier otra manifestación de la genialidad humana. “El hombre que ha perdido la facultad de maravillarse, es un hombre muerto”. Nos advertía Einstein.
Ya sea en el ámbito cotidiano, artístico o científico, son los estilos cognitivos adecuados –la manera que tenemos de aprender- los que actúan como puente entre la inteligencia y la destreza creadora, los que facilitan o entorpecen el desarrollo de la creatividad.
Hay quienes intervienen y modifican su entorno, (estilo independiente o “jugador”), mientras que otros se dejan guiar por él, (estilo dependiente o “conservador”) La facultad de pensar y crear se manifiesta sobre todo en función del uso productivo que hagamos de nuestra energía mental más que en función de nuestro talento innato.
Ha sido esta energía, creadora y vital, la que hemos utilizado, entre otras cosas, para intentar igualarnos a otros animales.
Para imitar el vuelo de las aves inventamos los aviones y otros artilugios más o menos sofisticados.
Para cubrir nuestros cuerpos hemos ideados tejidos y atuendos cada vez más elaborados que sirven de abrigo, y cumplen también un objetivo estético, e incluso, son utilizados como seña de identidad.
Comparados con un felino u otros animales, somos torpes y lentos. Pero, mediante la gimnasia y el deporte podemos alcanzar una gran destreza física.
Gracias a nuestro cerebro y a sus cualidades cognitivas, hemos podido compensar con creces todo tipo de deficiencias. La medicina, las ciencias, los deportes y otros ingenios ponen de manifiesto el talento creador del ser humano.
Así, la creatividad y sus diversas manifestaciones es una cualidad que poseemos todos los seres humanos. Se manifiesta por voluntad propia y se desarrolla al vaivén de factores sociales, de los caprichos de nuestro entorno.
A pesar de todas las ventajas que representa, la capacidad creativa siempre ha sido considerada algo así como el pariente pobre de nuestro acerbo intelectual, tan pobre que ni siquiera era, hasta hace poco, digna de mención. A pesar de este injusto tratamiento, de ella depende en gran medida nuestra calidad de vida.
El ingenio innovador, cuyos únicos limites son los que impone la imaginación, nos permite asumir retos y emprender caminos novedosos con entusiasmo, sin agobios ni miedos.
Pero, mantener una actitud creativa no es tarea fácil ya que a menudo significa romper lo establecido, acabar con clichés y transgredir la lógica.
Pero, ¿que es lo que nos permite, a adultos o a niños, adentrarnos en el ejercicio de la creatividad?
El pensamiento -recurso máximo del ser humano- es la llave que pone en marcha esta maquinaria. “Piense usted lo que quiera, pero piense”. De esta manera Fernando Sabater nos invita, en un brillante artículo, a practicar este legendario arte. El mero acto de pensar es en sí un acto de creación.
En nuestras mentes conviven dos tipos de pensamiento: el productivo y el reproductivo. El pensamiento reproductivo se limita a la repetición de actos mentales sabidos y comprobados mediante los cuales se reproduce el conocimiento ya adquirido, un buen ejemplo son las tablas de multiplicar, las reglas gramaticales etc. En cambio, el pensamiento productivo busca nuevas combinaciones para elaborar conclusiones novedosas y divergentes que proporcionan nuevas ideas y nuevos métodos de pensamiento.
El pensamiento divergente o productivo, asegura Schrödinger, premio Nobel de física, “No es tanto ver lo que aún nadie ha visto, como pensar lo que todavía nadie ha pensado sobre aquello que todos ven”. Este curioso científico, que con sus ademanes desenfadados cautivó a colegas y alumnos, se rebeló contra el enfoque científico de la vida que tiende a relegar la subjetividad humana al campo de lo material.
Para Eduard de Bono, experto en creatividad y creador del pensamiento divergente, la dificultad principal que conlleva el pensamiento es la confusión. “Intentamos hacer demasiado al mismo tiempo. Las emociones, la información, la lógica, y la creatividad nos agobian. Es como hacer malabarismo con demasiadas pelotas”

¿Qué es ser creativo?
En primer lugar, ser creativo es ir más allá del aprendizaje académico, o del mero manejo de información, es desafiar las leyes de la evidencia para explorar con audacia terrenos desconocidos y sobre todo, son las ganas de “comerse el mundo”, con una actitud vital, sin compulsión ni prisas.
Cuando abordo el tema de la creatividad siento a mi alrededor una compungida curiosidad y a la vez una gran resistencia a considerarla como una herramienta. M. J. Ricarte, experto en creatividad publicitaria, afirma que todos poseemos al menos tres habilidades fundamentales para desarrollar nuestras dotes creadoras:

• Una capacidad de decisión nacida de nuestra propia potestad de obrar con libertad y reflexión;

• Una actitud creativa, específica y personal, y

• Una predisposición al aprendizaje permanente.

La creatividad como herramienta no es un destino, sino un viaje, concluye.

Ya sea en un ámbito específico o cotidiano, el perfil de las personas creativas podría ser el siguiente:

• Tienen mayor fluidez y facultad para generar ideas.

• Las personas creativas tienen una gran capacidad de trabajo.

• Pueden pensar en varios registros o categorías.

• Aportan respuestas únicas y novedosas a los problemas que se les plantean.

• Son inconformistas y disfrutan con una actitud algo transgresora y provocativa.

• Las personas creativas manifiestan una gran tolerancia a la ambigüedad y muestran mucha paciencia.

• Poseen una gran dosis de imaginación.

• Tienen una gran voluntad para superar obstáculos.

Algunos expertos han identificado otros rasgos que determinan al individuo creativo y son los siguientes:

• Juicio independiente.

• Autoconfianza.

• Orientación estética y

• Asunción de riesgo.

Y desde la teoría humanista, Maslow habla de:
• La valentía

• El coraje

• La libertad

• La espontaneidad

Y a modo de conclusión no olvidemos que:

• Todos poseemos, en grados diferentes, una capacidad creadora. El ejercicio de la creatividad no está sólo reservado a talentos, prodigios, genios o expertos. Aquellos que no gozamos de un talento relevante, también podemos hacer uso de este don de la naturaleza.

• La inteligencia no es el único factor que determina el grado de creatividad.

• La creatividad no sólo se escribe con mayúscula. Podemos ser creativos ejerciendo la “otra creatividad”, la cotidiana, modesta, pero de probada eficacia y muy poco reconocida.

• El déficit de creatividad en algunas personas, se debe más a bloqueos que a carencias intrínsecas insuperables.

• El miedo, la vergüenza, la pereza, la baja autoestima, son los frenos mas frecuentes de nuestro talento creador.

• El proceso creativo, cualquiera sea su envergadura, no es únicamente un proceso inconsciente, intervienen estímulos externos determinados por factores sociales, culturales e históricos.

• La creatividad cotidiana se manifiesta cuando surge la necesidad de resolver un problema.

• La sociedad de la abundancia, y la practica del consumismo como método para resolver nuestros problemas merma de modo considerable nuestra capacidad creadora.

• ¡¡Eureka!! no es la expresión de una inspiración repentina, es la culminación de un proceso que puede ser largo y laborioso.

• Equivocadamente pensamos que las grandes obras recorren todas las fases de creación sin tropiezos, y que nacen con más gloria que pena. Se les atribuye una perfección congénita. En toda obra que se respete hay borradores de titubeante calidad seguidos de fracasos momentáneos, desaliento, tentativas de abandono, pero finalmente, si hay empeño, pasión y, en el caso de las grandes obras, talento innato, el éxito está casi asegurado.

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