Estimado señor ministro

Señor ministro de educación,
Sabiendo que su tiempo es escaso y considerando que mi paciencia se agotó, voy directo al grano. Soy madre de un chico de 23 años que, tras realizar su proyecto de fin de carrera en Japón, acaba de terminar sus estudios de ingeniería en la Universidad Politécnica de Barcelona. Para llevar a cabo este proyecto solicitó tres becas: una al Estado Español, otra a Catalunya y la última a Japón ¿Adivine que beca le otorgaron? La japonesa, por supuesto. Esta beca no sufragó la totalidad de los gastos, Japón es un lugar muy caro para vivir, así que nos pusimos manos a la obra para conseguir el dinero necesario. Mi economía nos es boyante ni mucho menos: soy profesora de francés y estoy inscrita como sustituta desde hace unos cuatro años en la bolsa de trabajo del Departament d’Ensenyament de la Generalitat. En algo más de cuatro años solo he trabajado unos seis meses como sustituta, el resto del tiempo me he tenido que buscar la vida.
Ahora bien, con el diploma en el bolsillo, mi hijo, al igual que muchos jóvenes, está pensando seriamente en marcharse del país, muy a pesar de él. Que mal negocio Señor Ministro: durante años el Estado ha invertido dinero en su formación para que una vez acabado sus estudios se tenga que marchar. Es “el negocio de los huevos podridos”, como decía mi padre, que de negocios sabía mucho. Pero mi hijo no es ninguna excepción. Muchos compañeros de su promoción están pensando en buscar trabajo fuera del país, y le aseguro Señor Ministro que son chicos y chicas extraordinariamente capaces y muy bien formados. Todos coinciden en decir que para trabajar en un Mac Donald prefieren marcharse ahí donde reconozcan su valía.
Yo no soy ninguna experta en economía, pero sé lo que significa administrar recursos escasos, sobrevivir siempre en una economía en crisis, hacer periódicamente reajustes presupuestarios y “recortes”, pero créame, señor ministro, nunca se me hubiese ocurrido sacrificar el bienestar de los míos. He aprendido a ver las prioridades con visión de futuro. No tengo deudas y puedo presumir de tener un hogar acogedor y confortable, evidentemente no tengo ahorros ni piso en propiedad, ni coche. A pesar de todos los avatares, para mi siempre ha habido dos cosas fundamentales: La educación y la salud, el resto puede esperar. Mi actitud no es muy diferente a la de miles de padres y madres que ven en la educación y el bienestar de sus hijos el único legado valido para dejarles.
Y yo me pregunto ¿Por qué los Estados, al igual que las familias, no hacen lo mismo? Es decir, gestionar los recursos, que los ciudadanos hemos puesto en sus manos, con sentido común, inteligencia y empatía. Parece que ha olvidado que su obligación es velar por nuestros intereses, para eso le pagamos. Permítame manifestarle, sin ánimo de ofender, no es nada personal, que usted y el gobierno al que pertenece lo están haciendo mal, no tienen ni las competencias ni las capacidades para gestionar sus respectivas carteras. Si estuvieran en la empresa privada hace tiempo que hubiesen sido despedidos.
Solo alguien que manifiesta una enorme incapacidad de gestión y una descarada prepotencia puede declarar que “Si se mejora el rendimiento escolar, se podrá recortar más”, suprimir becas, o reducir la plantilla de profesores interinos. Y para rizar el rizo, viene su colega el señor Montoro y dice que “…Estos son los presupuesto más de sociales de la historia de la democracia”. Sin comentarios.
Y ni que decir de la cultura, que de manera tan poco acertada usted equipara con entretenimiento, lo que le permite meter en el mismo saco las corridas y a Cervantes. Como si ya no fuera suficiente con la cultura low cost que padecemos cada día, llega usted y le asesta el golpe final a la poca cultura de calidad que nos quedaba al reducir a menos de la mitad todas las ayudas, que de por si eran bastante rácana. Como dice el permio Nobel, Mario Vargas Llosa “la cultura es todo aquello que un pueblo dice, hace, teme o adora”. Imagínese, ¿qué trascendencia puede tener la cultura de un país cuyos dirigentes no hacen más que pisotearla a golpe de recortes y televisión execrable? Usted ha suprimido el poco sostén que tenían las iniciativas culturales de calidad. Usted y los suyos serán responsables de que el mundo entero continúe pensando, y con razón, que solo sabemos de tortillas, flamenco y toros. Su comportamiento, (que se traduce en un total desprecio por el conocimiento y la cultura, una actitud chulesca, y una lluvia de declaraciones desacertadas, entre otras cosas) me recuerda a los sátrapas que dominaron Sudamérica allá por la segunda mitad del siglo pasada. No digo que usted sea uno de ellos, pero se está esforzando mucho en parecérseles.
Admítalo, lo de dirigir un país le queda grande, ya lo vemos en su jefe el señor Rajoy, lo mismo pasó con el anterior jefe del gobierno el señor Zapatero. Usted y los de su calaña pertenecen a una promoción de políticos incapaces, mal preparados, y mediocres, sino es difícil explicar tanta incompetencia y tanto ahínco por sacrificar los pilares de nuestra sociedad: la educación, que es lo único que garantiza a un pueble bienestar y prosperidad. Su criminal gestión está condenando al exilio a las futuras generaciones. Pronto tendremos que declarar a España “territorio libre de intelectuales” Nadie niega que conocer otras culturas y trabajar en otros ámbitos son experiencias de vida enormemente formativas y un excelente nutriente para el espíritu y el intelecto, pero solo cuando se hace empleando el principio del libre albedrío y no obligados por la ineptitud de nuestros dirigentes.
Tengo un amigo, que tiene una lengua muy viperina, lo admito, que piensa que todo esto es premeditado. Asegura que quienes dirigen el mundo han llegado a la conclusión de que la sociedad solo necesita individuos productores/consumidores, y sobretodo que no piensen y que estén desprovistos de todo sentido crítico, no vaya a ser que se pongan tiquismiquis. Y para ello solo basta con que sepan leer, escribir, manejar un ordenador, y que estén bien adiestrados para acatar órdenes. La verdad es que usted razón tiene. Para tareas tan simples no es necesario haber leído a Platón ni que en los Institutos se impartan asignaturas que enseñen el pensamiento antiguo, que por cierto usted acaba de suprimir… Tal como están las cosas creo que mi amigo mal pensado tiene razón.
Para que usted vea que mi amigo no está tan desencaminado y para ilustrar sus afirmaciones, existe un documento, supuestamente escrito por el grupo de Bildergerd en 1979, que fue encontrado hace algunos años, por negligencia o descuida intencional, en una fotocopiadora comprada en una subasta de material militar. En dicho manifiesto se plantean estrategias basadas en el dominio de los ciudadanos utilizando grandes dosis de miedo con el objetivo de evitar la reflexión y la critica. Se recomienda, entre otras cosas, exacerbar en la población el sentimiento de culpa, dosificar las medidas antidemocráticas, o echar una cortina de humo sobre los acontecimientos realmente importantes. EL documento en cuestión, que se encuentra en internet, se llama “Armas silenciosas para guerras tranquilas”. ¡Léalo! No tiene desperdicio.
No señor Wert, usted no es ningún profeta enviado por los cielos para españolizar a los catalanes, o sacar de las tinieblas al sistema educativo español ¡Que más quisiera! Usted es tan solo una marioneta al servicio de un sistema que a cambio de sus leales servicios le prodiga tristes migajas. Vamos, que usted es un “mandao” y, como suele suceder, más papista que el Papa. Dicen por ahí que como tertuliano (al parecer esa era una de sus antiguas profesiones) usted era una persona bastante abierta e inteligente !Hay que ver como nos cambia el poder¡
Si yo tuviera la ocasión, le aseguro que me plantifico en Bruselas y pongo una demanda, a usted y a los suyos, por crimen contra la humanidad. Pero mientras tanto permítame un humilde consejo: ¡Dimita! Si lo hace ahora tal vez lo olvidemos y podrá gozar de una inmerecida jubilación tranquila. Sin embargo, si insiste en quedarse, la historia le pasará factura.
Estas líneas tienen, lo confieso, una doble carga emocional: La de una profesora maltratada y la de una madre preocupada. Pero sobre todo soy un homo sapiens que se avergüenza de pertenecer a la misma especie que usted, y le repito señor ministro, no es nada personal.
Cecilia Marcos.

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