Algunas reflexiones acerca de la creatividad en la educación

 

¿A que nos referimos cuando decimos que un talante creativo requiere  trabajo?

Desde el punto de vista filosófico y/o místico siempre se ha afirmado que la obra creativa aparece o se produce de manera súbita, por “inspiración divina”. Pues bien, numerosas investigaciones han llegado a la conclusión, casi unánime, de que el trabajo creativo, o la creatividad,  requiere trabajo, metodología y esfuerzo.

“Que cuando me llegue la inspiración que me encuentre trabajando”, decía Picasso. La inspiración repentina es el resultado de un trabajo, a veces muy largo silencioso y anónimo, que se gesta y desarrolla en nuestro subconsciente. Luego, cuando la iluminación surge viene la segunda parte del trabajo: la puesta en práctica de la idea y la confrontación con la realidad es en esta etapa en donde se puede producir el abandono.

Sólo los genios dotados de un talento “sobrenatural” pueden crear por el simple placer de crear, aunque podríamos afirmar que ellos también crean movidos por la necesidad innata de crear. Nosotros, los mortales, desplegamos nuestra creatividad principalmente, por no decir exclusivamente,  para satisfacer  necesidades  más bien “materiales” o para solucionar un problema, que concluyen en una obra o en algo concreto, por lo tanto se necesita un considerable despliegue de recursos y trabajo ( según la envergadura de la tarea). Esta afirmación nos conduce a reivindicar  una  actitud creativa permanente, como una herramienta que siempre llevamos encima, que a la larga se convierta en una rasgo de carácter. En las necesidades está, por supuesto, las de carácter espiritual, artísticas y otras.

 

La creatividad en la educación

 

El deseo de aprender de manera sistemática y  programada no se manifiesta hasta bien avanzada la adolescencia, antes, es forzar la naturaleza propia del ser humano, por lo tanto es necesario desarrollar herramientas creativas en el procesos de aprendizaje como anzuelo motivador.

No es necesario ser erudito en temas de  educación para entender y sumarnos

a las cuitas educativas de la sociedad. Aunque el malestar versa más sobre temas de rendimiento académico (cumplimiento de programas de enseñanza), técnicos (infraestructura y personal docente) o instrumentales (responder satisfactoriamente a las expectativas del mundo laboral), que  a lo tocante al desarrollo del niño como individuo critico, curioso, atrevido, osado, bulímico (del saber), responsable de sí mismo y de sus actos. Ahí está el error.

Así, se decreta el fracaso en la educación, en todos sus aspectos, cuando el educando no responde a los estándares impuestos de manera arbitraria a todos los individuos por igual.

Así, se imparte una educación enciclopédica en donde lo único que interesa es almacenar conocimientos, formar individuos que no saben crear sino reproducir, una educación basada en la cantidad y no en la cantidad, en el “cuanto” (se aprende) y no en el “cómo” (se aprende) Hay profesores, inteligentes y con sentido común, que piensan que “habría que reducir la cantidad a favor de la cálida”

En el ámbito de la educación el terreno de actuación de la creatividad esta fuertemente limitado por  la presión de las exigencias de conformismo y rendimiento. En la actualidad la actividad creativa no es considerada como una actividad en sí misma, ni tan sólo como elemento importante en las materias enseñadas. Protagonismo absoluto tienen entonces las asignaturas llamadas instrumentales: lectura, lengua, matemáticas, escritura y otras,  que en la antigua Grecia eran consideradas como asignaturas menores o simplemente como instrumentos indispensables para el desarrollo de los aspectos más prácticos de nuestras vidas, y necesarias para el cultivo de otras disciplina.

En el sistema educativo las asignaturas instrumentales deberían ser sólo lo que su propio nombre indica: instrumentos para el cultivo de otras facultades o disciplinas. Es decir, estas disciplinas, que con tanto ahínco se enseñan,  deberían plantearse como un medio y no como un fin. Un medio para alcanzar la sabiduría necesaria que nos permita movernos por el mundo con soltura y humanidad.

Sin embargo, hoy el estilo divagador y las cavilaciones especulativas gozan de muy mala prensa. Errar por caminos imaginativos que ahondan  en  reflexiones profundas y esclarecedoras están desterradas de los programas educativos; sólo se desean respuestas rápidas, no interesa el camino recorrido, que en una búsqueda inteligente es más provechoso que la respuesta misma.

El niño no asume con pleno agrado su proceso educativo, en  donde la recompensa es diferida y los resultados poco claros,  o al menos no vislumbra ganancia a corto plazo. Es por eso muy importante desarrollar en primer lugar su curiosidad y estimular su apetito por el saber, características innatas en el aprendiz de humano. Es tan fácil suscitar el entusiasmo, a veces desbordante, de un niño, bastan algunos ingredientes, menores, según algunos, como pueden ser el aspecto lúdico y la diversión.

 

Entre los numerosos factores que podemos achacar a la perdida de creatividad entre los más pequeños podemos señalar el exceso de estímulos como un factor determinante. ¿Cómo pueden imaginar si todo su ocio está pensado hasta el ultimo detalle?, tienen juguetes cada vez más atractivos, coloridos y sofisticados, los libros de texto de diseño impecable han remplazado cuadernos y dibujos caseros, los parques temáticos proponen  un imaginario enlatado y de consumo inmediato.

 

Primero que nada es la construcción de un clima creativo, la mejor manera de romper con las formas aburridas y repetitivas de enseñar y aprender.  Educar creativamente no se enseña de manera directa, sino que se propicia mediante mecanismos diferentes como pueden ser:

* El dialogo

 

* El desarrollo del pensamiento creativo, como instrumento de vida

 

* Las preguntas (del educador al alumno), en oposición a una educación basada en las respuestas  en donde los niños son meros depositarios de conocimientos.

 

* Potenciar  mecanismos tan elementales como son el indagar, construir conocimientos propios desde su propia perspectiva y experiencia.

 

* Potenciar acciones innovadoras y explorar cada vez nuevos horizontes, enseñarles a ir cada vez más allá de sus propios conocimientos,  enseñarles que el aprender es una historia sin fin.

 

Existen  algunos aspectos relevantes a tomar en cuesta en la creatividad en la educación:

Características  personales: es este punto el docente debe adoptar una actitud critica permanente con su propia practica, debe desarrollar una actitud empática y carismática con sus alumnos, con el fin de estimular el deseo de aprendizaje.

La tolerancia  (de parte del educador) con las ideas (nuevas) y a veces con algunas actitudes “incomodas” de algunos alumnos. Un educador creativo es sobre todo reflexivo y estimula la independencia de pensamiento, es, si su carácter se lo permite, alegre y optimista.

En una enseñanza creativa el entorno es importante, por lo tanto, el aula debe ser un espacio estimulante:  el color,  la luz y los elementos circundantes son esenciales para el estimulo creativo, aunque algunos expertos en creatividad aseguran que los estímulos exteriores son un obstáculo para la creatividad interior.  (la televisión  y los juegos videos son  un claro ejemplo de ello)

La práctica cotidiana  es otro aspecto importante en una educación creativa, el aula es un espacio de creación, de experimentación en donde las ideas propias pueden y deben ser puesta en practica.  La practica en un encuentro entre la creación y la producción, es el lugar idóneo para el ensayo de nuevas posibilidades y alternativas.

Metodologías para el desarrollo de la creatividad hay muchas y casi todas pueden ser aplicadas en  el marco educativo: Torbellino de ideas, Analogía inusual y otras.  (las explicaré en los próximos materiales).

Los resultados de una educación creativa tienen  un alto valor positivo porque desarrolla:

*La capacidad de iniciativa

*La auto motivación

*La constancia

*La curiosidad

*La autonomía

*El sentido practico

*La imaginación.

El desarrollo de la creatividad no sólo requiere técnicas atractivas, sino también implica  intervenir en  aspectos  estructurales del pensamiento: potenciar el pensamiento lateral, creativo, analógico como alternativa al pensamiento reproductivo y lógico, que no son, cabe decir, incompatibles. Además, el concepto mismo de creatividad, como un proceso variado y dinámico abierto a lo desconocido, reclama procesos e instrumentos distintos a los usuales.

 

Cómo fomentar la lectura entre los más jóvenes

 

Es un hecho que, en la era de la imagen,  nuestros hijos leen poco, y no solo debido a la apabullante  presencia de las nuevas tecnologías en su cada vez más escaso tiempo libre, sino también por la falta de estímulos y por  los patrones de ocio que reciben  de sus padres.

Pero,  ¿Cómo podemos reconciliar a  los mas jóvenes  con  el  milenario ejercicio de la palabra escrita, hoy en desuso? ¿Cómo implicar a los padres, tan faltos de tiempo y tan sobrados de estrés?

Antes de iniciar  una cruzada literaria,  es necesario comprender que un libro es un instrumento de  comunicación que nos permite conocer el mundo y que de ninguna manera debe imponerse con métodos coercitivos. La lectura es una gran aventura que el niño debe vivir con disfrute, de lo contrario pierde el placer mágico de descubrir el mundo.

La adicción a la lectura se contrae por contagio y no por obligación. La obligación produce rechazo y relega al olvido lo que de manera impropia se lee.

La seducción es la clave  para despertar el interés de nuestros hijos por la lectura. Navegar junto a ellos por los fértiles mares de las palabras es la mejor manera de hacerles amar el papel impreso.

Una buena manera de acercar al  mocerío  al deleite de la lectura es acudir al  anzuelo literario, es decir, ayudarlos a  buscar la lectura adecuada que despierte su  entusiasmo. Otro aspecto importante es que las posibles iniciativas dirigidas a promover la lectura  no se pueden plantear por oposición a las nuevas formas de comunicación  sino  más bien como una convivencia armónica  entre todos los medios que están a su alcance  para adquirir con disfrute  cultura y conocimientos.  El  entretenimiento cibernético y las delicias de la lectura pueden convivir perfectamente en la vida cotidiana de nuestros hijos. Es por eso que la negociación es la clave en este cometido.

La presente  propuesta  tiene como objetivo rescatar la  lectura entre los mas jóvenes proponiendo formulas tan originales como divertidas. Finalmente, la lectura, es un antídoto, aunque no una garantía, contra la el proceso  de nuestra sociedad.

A continuación avanzo algunas propuestas dirigidas a padres y aludidos

Sumérjase con ellos, cada noche, en el cuarto de hora mágico de la lectura

Con el pretexto de que ya saben leer  y pueden hacerlo en solitario, no abandone el placer de la lectura a dos… o a tres

 

Inscriba a sus hijos en la biblioteca publica de su barrio y frecuéntela con ellos como si fuera una diversión

 

Busque la lectura adecuada que corresponda la los gustos y sensibilidad de sus hijos.

 

No imponga a sus hijos la lectura como una obligación más. La lectura es antes que nada un placer.

 

Enséñeles a leer en voz alta. Si la lectura es un acto de comunicación ¿Porqué, entonces, debemos practicarla en silencio?

 

Comente con sus hijos los libros que están leyendo (Ud. y ellos). Puede ser una buena tertulia de sobremesa.

 

Evite el enfrentamiento de la televisión o de los juegos videos con los libros. Se trata más bien de incorporar la lectura a los placeres cotidianos de los niños.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Caminos que nos acercan a la creatividad

 

Reivindique su alma creativa: Hoy en día la creatividad es una cualidad rara que otorga a quienes la poseen un poder extraordinario. Si estamos  seguros de poseer una capacidad innovadora, sólo nos queda  adentrarnos en el proceso creativo ayudados por las técnicas más adecuadas.

Imagine: La imaginación es un reducto de libertad que nos abre las puertas a una vida más rica.

Pásaselo bien: El humor es el principal ingrediente de la creatividad. Según Paul Valery “La gente seria tiene pocas ideas”. Los grandes gurús de la publicidad afirman que sus mejores creativos son los más divertidos.

 

Compórtese como un niño: En la infancia se encuentra la esencia de la creatividad. Si conservamos la capacidad de asombro y la espontaneidad de un niño tenemos todas las posibilidades de entrar en un universo más creativo.

 

Rompa su rutina: Es evidente que todos necesitamos de una rutina para afrontar nuestro quehacer diario, pero, ¿por qué hacer cada día el mismo camino de regreso a casa?. Cuando llevamos una vida muy rutinaria y registramos en nuestra mente las mismas cosas, sin incorporar elementos nuevos, estamos limitando nuestra capacidad innovadora.

 

Aprenda a ver y a escuchar: A través de estos dos sentidos adquirimos casi todos los elementos que nos permiten  ir por la vida.  A menudo nos movemos sin reparar en la riqueza de detalles que nos ofrece el paisaje cotidiano. Lo mismo sucede al limitar nuestra capacidad de escucha.

 

Escriba y lea: La lectura y la escritura son dos ejercicios que estimulan la imaginación.

Límite los estímulos catódicos, sea crítico con el ruido mediático que nos aturde.

Rediseñe su tiempo libre: Solemos decir que no tenemos  tiempo, verdad difícil de negar, pero hay maneras de aprovecharlo de manera diferente: grandes expediciones a las grandes superficies que supuestamente son fuente de ahorro, apagar más a menudo la televisión, intente salir a la hora de su trabajo.

Hágalo Ud. mismo: Todos tenemos alguna habilidad Manuales

Créaselo: Sin motivación y convencimiento es muy difícil que un proyecto imaginativo llegue a buen puerto.

Desenchúfese: Una buena manera de esquivar el discurrir acelerado de la vida es desconectándonos de vez en cuando de todo aquello que acapara de manera abusiva nuestros sentidos y que nos priva del sosiego necesario para ser más creativos. Equivocadamente creemos que estar constantemente conectados en una perpetua excitación nos hace más útiles, productivos e importantes, pero lo que en realidad nos sucede es que caemos en la más aburrida de las rutinas, además no tenemos tiempo de asimilar ni disfrutar  del fruto de nuestro trabajo.

 

Atrévase: Para acometer cualquier acto creativo es de forzosa necesidad infringir las leyes de la cordura establecida, y de las practicas políticamente correctas.

Asumir retos que estén a nuestro alcance es muy estimulante y dan gran sentido a la vida. Intente también  responder: ¿por qué no? a cualquier propuesta, aunque le parezca descabellado.

Diseñe un ambiente estimulante: Una oficina o una casa personalizadas y ricas en estímulos favorece nuestra capacidad de pensar y nuestro rendimiento.

Negocie, no se imponga: La capacidad de negociar está directamente relacionada con nuestra capacidad de innovar. Las  respuestas creativas producen un intercambio inteligente de información y fomentan el respeto de los intereses de las partes implicadas. Además es la ocasión de diseñar estrategias ocurrentes.  fomentan genera un ambiente de negocio trabajo agradable. Dan gran flexibilidad de pensamiento a quien lo practica, en realidad es más fácil obtener resultados mediante la imposición pero a la larga es menos gratificante y enrarece el entorno.  No solo se negocia en el ámbito laboral, en casa también se puede practicar, crea un dinámica muy positiva e enriquecedora.

 

Antes de comprar, piense: “ Compro, luego existo”, es el eslogan absurdo de una conocida tienda.

A modo de introducción

En el proceso de adaptación de nuestra especie hay tres factores que han desempeñado un papel esencial: la audacia, la creatividad, y la curiosidad. Lucy, uno de nuestros antepasado más viejo e ilustre, sobrevivió no gracias a sus herramientas, no tenía ninguna, sino a su audacia y a su decisión  de dejar la seguridad del bosque. Se adentró en la sabana en busca de mejores oportunidades esquivando a los depredadores, y a los innumerables peligros que representan los medios abiertos. Los otros parientes que se quedaron  en el bosque se convirtieron en nuestros primos los monos. Muchos antropólogos aseguran que la osadía de Lucy y la de quienes la acompañaron nos permitió continuar el camino de la evolución. Gracias a esta entrañable abuelita de tres mil quinientos millones de años hoy podemos presumir de ser poetas, ingenieros, o traficantes de armas, nuestra especie da para todo.

En la historia evolutiva de nuestra especie encontramos un lento, pero significativo, trasiego de usos y desusos de órganos y funciones, y una notoria modificación de la anatomía. Así, nos creció el cerebro y nos convertimos en bípedos. Con los miembros superiores liberados y, tras el desplazamiento del pulgar, llegamos a tener los dedos oponibles. Todo este “acomodo anatómico” nos permitió la fabricación de herramientas, el desarrollo del lenguaje  y de este modo emprender el largo camino que ha hecho de nosotros “la especie elegida”, pero nada de esto hubiera sido posible sin una enorme dosis de curiosidad e instinto creativo.   Pero,  en la senda de este mismo proceso  estamos perdiendo, por falta de uso, esas funciones vitales que en su momento fueron decisivas para la supervivencia de nuestra abuelita Lucy. Hoy la curiosidad y la capacidad creadora está reservada a un puñado de elegidos que se encargan de ejercer esta función en nombre de todos nosotros.

Cuando decidí emprender esta aventura  me dediqué  a analizar el potencial creativo de mis congéneres más cercanos, pura curiosidad. Cuán grande fue mi sorpresa al comprobar que a pesar de todo el potencial creativo que anda suelto por ahí, y a pesar de todo lo que hemos sido capaces de crear,  nos arrastramos por los rincones de la vida  como víctimas de  la monotonía y del “inmovilismo” mental. Nos cuesta más pensar que actuar.

Nuestras limitaciones en el campo de la innovación cotidiana se manifiestan con toda claridad en el momento de abordar y de solucionar problemas. Muchas veces convertimos en un problema los simples avatares que la vida nos impone como tributo, y derrochamos nuestra energía vital en lamentos y quejas. Hay otras maneras de apartar las piedras que en nuestro camino va dejando la vida, e incluso en algunos casos ¿para qué apartarlas? Podríamos atribuirles un noble uso.

Estoy profundamente convencida de que podemos solucionar muchos problemas de manera original y con un  coste menor del que sufragamos habitualmente, y con mejores resultados,  a condición, claro está, de estar dispuesto a romper con lo evidente, con “lo hago porque siempre se ha hecho así”. Un espíritu innovador se forja con una actitud crítica,  valiente y profundamente curiosa. Se trata de desterrar (tabúes), enmendar (vicios), adoptar (nuevas actitudes), recuperar (la infancia), atreverse (a cambiar).  Muchos verbos dirá usted, mucho trabajo digo yo.

Para navegar por la vida utilizamos cada vez más recursos ajenos en detrimento de los propios, lo que desvela con toda claridad la escasa confianza que tenemos en nosotros mismos a la hora de coger el timón. Al mismo tiempo que solemos mostrar una clara tendencia a recrearnos en nuestros problemas, nos cuesta desprendernos de ellos, son como una carta de visita, sin las cual adolecemos de identidad.

¿A qué podríamos achacar nuestros bajos niveles de innovación?

Entre todas las posibles causas, destacaría la falta de ideas, materia prima del pensamiento. Es paradójico comprobar lo mucho que nos preocupa el agotamiento de ciertos recursos naturales como el petróleo, por ejemplo, y no nos preocupa en lo más mínimo el agotamiento de las ideas. Créame, en términos objetivos, son mucho más importantes las ideas que el petróleo, con ellas siempre encontraremos respuestas a los problemas energéticos y de transporte, en cambio, ni con todo el petróleo del mundo podríamos solucionar los problemas creados por su uso y abuso sino contamos con las suficientes reservas de creatividad e innovación. Tras un proceso creativo, una idea acertada, derivada de un problema bien planteado, no supone obligatoriamente la utilización de nuevos recursos materiales. La creatividad se puede ejercer a partir de recursos ya existentes, se trata en muchas ocasiones de encontrar nuevos usos y combinaciones de elementos que ya tenemos en nuestro alrededor. Para ello es muy importante, esencial diría yo, que desarrollemos el mundo de las ideas.

El primer paso hacia una vida más gratificante por medio de la creatividad es romper con una serie de tabúes que acerca del tema tenemos. Está ampliamente comprobado que el creativo no nace, se hace, es una cuestión de actitud más que de un talento relevante. La prueba la encontramos en la curiosidad desbordante y en la creatividad arrasadora que manifiesta la especie humana durante los primeros años de vida, pero que muy pronto, y por necesidades de adaptación social, se van apaciguando poco a poco hasta casi desaparecer en algunos individuos.

Los retos que nuestra sociedad deberá afrontar en un futuro cercano son los referidos a la mente, a su uso y desarrollo. Es necesario potenciar y desarrollar nuestro acervo cognitivo más que continuar por el camino de los aspavientos tecnológicos. Nuestra sociedad debería detenerse a pensar en cómo darle un uso racional, inteligente e equitativo, a los logros materiales y tecnológicos que con tanto ahínco hemos sido capaces de crear. En nuestro universo cotidiano estamos rodeados de muchos más estímulos que nuestros antepasados ¿Por qué, entonces, a pesar de estos estímulos las mentes brillantes, ávidas, curiosas, bulímicas son cada día más escasas?

¿Es cierto eso de que la necesidad hace la astucia, y que deberíamos, tal vez, regresar a una sociedad menos “generosa”? ¿Podemos seguir  ignorando el “don divino” de la creatividad y del pensamiento con el que la naturaleza nos ha premiado?

Es necesario y urgente rescatar la capacidad innovadora de nuestra especie, la curiosidad y el ejercicio diario del pensamiento como reflejos vitales de supervivencia, tal como lo hizo Lucy.

Nuestra sociedad sólo sabe apreciar un cierto tipo de creatividad, aquella que está relacionada directamente con intereses económicos y de rentabilidad, y que es, en muchas ocasiones, tan inútil como absurda. Sin embargo, es incapaz de incentivar otro tipo de innovación, la individual, aquella que nace por iniciativa propia sin otro interés que el  inmenso placer de crear.

El arte de la creatividad para la mayoría de los individuos no significa desarrollar una creatividad talentosa, que como bien sabemos todos, sólo unos pocos tienen la dicha divina de poseer. No todos podemos, ni aplicando todas las técnicas conocidas, alcanzar el talento creador de Einstein, Dalí o Beethoven. Se trata más bien de convertirnos en seres “ocurrentes”, doctos en el arte de gestionar de la mejor manera nuestro día a día, de ser los artífices de una autonomía creativa, es decir, ser capaces de solucionar, en primera instancia, nuestros problemas con recursos propios. No creo que Talía, Calíope o Euterpe sólo tengan a bien visitar mentes portentosas y geniales. Con algo de esfuerzo también podemos, los ciudadanos de a pie,  deleitarnos de la fértil visita de las Musas. Todo, o casi, es una cuestión de actitud y voluntad.

Numerosas son las ventajas que la vida depara a una persona “ocurrente”, y también numerosos son los elementos intrínsecos pero desconocidos con los que contamos para convertirnos en seres creativamente fértiles. Es asombroso comprobar cómo el espíritu creativo, tras haber tomado conciencia de su  necesidad, se convierte en un reflejo de supervivencia, en una herramienta que acompaña la mayoría de nuestros actos, y que convierte nuestras  vidas en algo más divertido, agradable y simple.

 

Cómo desarrollar la creatividad cotidiana

Hasta épocas recientes el verbo crear se conjugaba en el presente del indicativo y casi siempre en primera persona, y la mayoría de las necesidades: ropa, enseres, e incluso la vivienda, se satisfacían gracias a la destreza de nuestros ancestros, lo que permitía desarrollar una gran creatividad cotidiana. Hoy en día este verbo, casi en desuso, ha quedado relegado a un pretérito remoto.
Nuestro actual estilo de vida, basado en la inmediatez, en un consumo fácil y en la falta de tiempo, ha mermado de manera considerable nuestros recursos creativos. Poco, o nada, intervenimos en la elaboración de los objetos que nos rodean y para resolver los problemas cotidianos rara vez acudimos a nuestro genio creador. Esta situación contrasta con la explosión creativa que vivimos en el ámbito de las tecnologías que, aunque la contemplamos extasiados, se encuentran sin embargo tan alejadas de nuestros desvelos cotidianos.
Otro elemento que inhibe nuestro espíritu innovador son los tabúes. Ser creativos está a menudo relacionado con artistas y genios extravagantes. La creatividad es más una cuestión de voluntad que de un talento innato. Todos, en mayor o menor grado, podemos ser creativos. No se trata, por supuesto, de alcanzar el talento genial de un Dalí o de un Einstein, sino más bien de poner una dosis de ingenio y de color a nuestras vidas. A diario estamos enfrentados a situaciones que ponen a prueba nuestra capacidad de innovación y de nosotros depende aprovecharlas para convertir nuestro día a día en algo más agradable y menos rutinario.
Aunque para ser creativo no es necesario gozar de un talento natural, se requiere sin embargo, un esfuerzo y una actitud hoy en día poco corriente. Para adentrarnos por los senderos de la creatividad debemos, en primer lugar, desechar una serie de actitudes negativas tales como la critica constante, la autocensura, el miedo. Estas son actitudes que en definitiva confinan al espíritu creador dentro de los estrechos limites de la mediocridad. Una persona poco creativa frente a los problemas se bloquea y sucumbe en una carrera agotadora que provoca agobio y estrés.
La presente propuesta desea mostrar que todos podemos ser creativos y que una actitud innovadora aporta una mayor calidad de vida y mejora nuestra autoestima

¿Qué es la creatividad?
La creatividad es uno de los términos más vago, ambiguo y confuso. Paul Torrance, uno de los primeros y más prolíficos investigadores del área, plantea que la creatividad precisa de una definición, pero opina que aunque supiéramos exactamente qué es, no podríamos definirla con palabras. Otros expertos intentan una aproximación más científica, y piensan que la creatividad es la habilidad de producir una obra (una producción) novedosa (es decir, original e inesperada) y apropiada (es decir, útil y adaptada a las exigencias del medio)
A continuación expongo algunas definiciones sobre creatividad consideradas como relevantes:

Creatividad es la aptitud para combinar conjuntos originales a partir de elementos preexistentes: Combinar lo que ya es conocido para obtener lo nuevo. La creatividad es un proceso esencialmente combinatorio.

Creatividad es el hecho de unir, relacionar dos dimensiones hasta ese momento extrañas la una con la otra.

La creatividad es la facultad de la inteligencia que consiste en reorganizar los elementos del campo de percepción de una manera origina y susceptible de dar lugar a operaciones dentro de cualquier campo.

En términos coloquiales se confunden a menudo el concepto de creatividad y creación. Creación es el acto de crear, mientras que creatividad es el proceso que culmina en el acto creativo.
La creación hace referencia hallazgo súbito, al instante de la iluminación. Es el ¡EUREKA! De Arquímedes. La creatividad es el camino recorrido que nos conduce hacia el acto de crear, es en definitiva, es un instrumento de trabajo. Hoy en día la creatividad es fundamental para responder con eficacia a la oleada de cambios constantes.
Pero, no se puede hablar de creatividad sin desmitificar algunas de las ideas que han circulado a lo largo de la historia sobre la creatividad, muchas de las cuales son el fruto de la ignorancia y de la intuición infundada. La historia de la creatividad ha estado rodeada, hasta fechas recientes, de un halo de romanticismo y misterio. En torno a ella se han tejido mitos que los científicos están intentando aclarar. Uno de estos mitos es la creencia de que la creatividad es una habilidad reservada sólo a ciertos pensadores, científicos, artistas excepcionales, o mentes maravillosas. Este mito está equivocado al menos en dos sentidos. Primero, la creatividad se encuentra repartida entre todas las personas. Segundo, no es necesario poseer un talento excepcional para ser creativo. Hoy día, se piensa que las mentes creativas se forjan con la combinación de conocimiento, motivación, inteligencia y mucho, mucho trabajo.
Otro de los mitos históricos es la creencia de que la creatividad es un mero proceso personal. Como ejemplos paradigmáticos de esta popular creencia podemos señalar las producciones de poetas, músicos y pintores. Hay una especie de consenso entre los especialistas a la hora de considerar estas obras como resultado de un trabajo solitario, intenso y prolongado. Los psicólogos sociales se han encargado de desenmascarar la quimera. Existen pruebas sólidas que demuestran que la realidad es engañosamente simple. Se trata de un fenómeno complejo que incluye elementos de carácter social, cultural e histórico (todos estos son factores que determinan el grado de creatividad del individuo)
También, existen mitos que enfatizan el papel del inconsciente en la creación. Esta tradición se inspira principalmente en el psicoanálisis. El hecho de que la persona a menudo no pueda contarnos los procesos de pensamiento que la llevan a una producción notable no justifica la suposición de que en esos procesos intervenga el inconsciente y que sea exclusivamente el resultado del insight (descubrimiento súbito)
Así, se afirma cada vez más que la capacidad creativa tiene poco de inspiración mágica, y que depende sobre todo, aunque no exclusivamente, del aprendizaje y del trabajo.
Existen muchos enfoques destinados a explicar y desarrollar la creatividad, pero en lo que concierne este curso es el enfoque social y personal el que más nos interesa. Este está centrado en variables como: la personalidad, la motivación, el ambiente y la cultura.
En este enfoque la motivación constituye uno de los centros de interés siendo la autorrealización su principal fuerza. Algunos destacan la motivación intrínseca (relacionada con el talento innato); otros enfatizan la tendencia hacia el éxito (como factor de motivación) Los estudios de Amabile y sus colegas demuestran que el rendimiento en tareas creativas, como escribir poemas o realizar colages, aumenta de manera importante cuando se utilizan como motivadores factores intrínsecos (factores inherentes al individuo), en lugar de extrínsecos (factores relacionados con el entorno externo) La creatividad no sólo requiere motivación sino que también la genera. Si a los estudiantes se les ofreciera en la escuela la oportunidad de demostrar su creatividad, recuperarían sin duda alguna el interés por tareas académicas.
Aunque la motivación es una variable reconocida, no es la única; el ambiente social ha sido destacado como un factor que estimula o inhibe la creatividad. Se han realizado numerosos estudios con personas eminentes durante extensos períodos de tiempo y en diversas culturas y se ha llegado a la conclusión de que variables como diversidad cultural, guerra, roles sociales disponibles y recursos intervienen en la expresión creativa.
El padre del principal test de creatividad, H. Torrance, distingue entre varios tipos de creatividad:
La creatividad artística,

La creatividad científica y

La creatividad práctica.

Esta última es la que nos permite enfocar los problemas con acierto y pericia. La principal característica de quienes la practican es una gran capacidad de iniciativa que manifiestan de manera permanente y frente a todo tipo de problemas.
Pero, en los países industrializados la facultad de resolver situaciones inesperadas de manera acertada, mediante el ingenio y la economía de recursos, ha menguado de manera alarmante a causa, entre otras cosas, de un consumo compulsivo y voraz. Todo se compra, y los centros comerciales de manera casi milagrosa nos ofrecen soluciones rápidas, eficaces, e incluso baratas, pero que a la larga provocan la atrofia de nuestro sistema creativo. Para qué crear si se puede comprar, es el razonamiento más recurrido. Supuestamente esta actitud nos aporta una considerable economía de tiempo.
Existe otro tipo de creatividad cotidiana asociada a la supervivencia. Esta se pone en marcha cuando estamos enfrentados a situaciones extremas, surge como por arte de magia, por instinto de supervivencia. Si nos encontramos en momentos de peligro desarrollamos recursos creativos inimaginables en situaciones normales.
Esta creatividad de supervivencia cotidiana se manifiesta con toda claridad en países con pocos recursos tecnológicos.
Como en muchos aspectos, nuestra sociedad establece jerarquías entre los diferentes tipos de creatividad, siendo la artística, en su manifestación más incipiente, y la cotidiana, la de “andar por casa” las más desvalorizadas.
En la creación artística también se estilan jerarquías. Goza de prestigio y credibilidad el artista cuyo arte cuenta con el beneplácito de los lobby culturales, independientemente de su talento y de la calidad de su trabajo.

El creativo ¿nace o se hace?
La respuesta es rotunda: Se hace.
Aunque hay personas dotadas de un talento creativo excepcional, -son las menos- todos, bajo determinadas condiciones, innatas o propiciadas por el entorno, podemos ser creativos.
Todos tenemos una musa que inspira nuestros actos. Para los antiguos era Caliope, Euterpe o Talía, para nosotros es la familia, el amor, el reconocimiento profesional, los logros materiales. Sin embargo, poseer una fuente de inspiración es necesario pero no suficiente. Las mentes creativas se forjan con motivación, empeño, conocimientos y trabajo, mucho trabajo.
Pero no sólo es creativa la persona capaz de crear o de encontrar soluciones novedosas a los problemas, sino también la que muestra un apetito insaciable frente al arte o a cualquier otra manifestación de la genialidad humana. “El hombre que ha perdido la facultad de maravillarse, es un hombre muerto”. Nos advertía Einstein.
Ya sea en el ámbito cotidiano, artístico o científico, son los estilos cognitivos adecuados –la manera que tenemos de aprender- los que actúan como puente entre la inteligencia y la destreza creadora, los que facilitan o entorpecen el desarrollo de la creatividad.
Hay quienes intervienen y modifican su entorno, (estilo independiente o “jugador”), mientras que otros se dejan guiar por él, (estilo dependiente o “conservador”) La facultad de pensar y crear se manifiesta sobre todo en función del uso productivo que hagamos de nuestra energía mental más que en función de nuestro talento innato.
Ha sido esta energía, creadora y vital, la que hemos utilizado, entre otras cosas, para intentar igualarnos a otros animales.
Para imitar el vuelo de las aves inventamos los aviones y otros artilugios más o menos sofisticados.
Para cubrir nuestros cuerpos hemos ideados tejidos y atuendos cada vez más elaborados que sirven de abrigo, y cumplen también un objetivo estético, e incluso, son utilizados como seña de identidad.
Comparados con un felino u otros animales, somos torpes y lentos. Pero, mediante la gimnasia y el deporte podemos alcanzar una gran destreza física.
Gracias a nuestro cerebro y a sus cualidades cognitivas, hemos podido compensar con creces todo tipo de deficiencias. La medicina, las ciencias, los deportes y otros ingenios ponen de manifiesto el talento creador del ser humano.
Así, la creatividad y sus diversas manifestaciones es una cualidad que poseemos todos los seres humanos. Se manifiesta por voluntad propia y se desarrolla al vaivén de factores sociales, de los caprichos de nuestro entorno.
A pesar de todas las ventajas que representa, la capacidad creativa siempre ha sido considerada algo así como el pariente pobre de nuestro acerbo intelectual, tan pobre que ni siquiera era, hasta hace poco, digna de mención. A pesar de este injusto tratamiento, de ella depende en gran medida nuestra calidad de vida.
El ingenio innovador, cuyos únicos limites son los que impone la imaginación, nos permite asumir retos y emprender caminos novedosos con entusiasmo, sin agobios ni miedos.
Pero, mantener una actitud creativa no es tarea fácil ya que a menudo significa romper lo establecido, acabar con clichés y transgredir la lógica.
Pero, ¿que es lo que nos permite, a adultos o a niños, adentrarnos en el ejercicio de la creatividad?
El pensamiento -recurso máximo del ser humano- es la llave que pone en marcha esta maquinaria. “Piense usted lo que quiera, pero piense”. De esta manera Fernando Sabater nos invita, en un brillante artículo, a practicar este legendario arte. El mero acto de pensar es en sí un acto de creación.
En nuestras mentes conviven dos tipos de pensamiento: el productivo y el reproductivo. El pensamiento reproductivo se limita a la repetición de actos mentales sabidos y comprobados mediante los cuales se reproduce el conocimiento ya adquirido, un buen ejemplo son las tablas de multiplicar, las reglas gramaticales etc. En cambio, el pensamiento productivo busca nuevas combinaciones para elaborar conclusiones novedosas y divergentes que proporcionan nuevas ideas y nuevos métodos de pensamiento.
El pensamiento divergente o productivo, asegura Schrödinger, premio Nobel de física, “No es tanto ver lo que aún nadie ha visto, como pensar lo que todavía nadie ha pensado sobre aquello que todos ven”. Este curioso científico, que con sus ademanes desenfadados cautivó a colegas y alumnos, se rebeló contra el enfoque científico de la vida que tiende a relegar la subjetividad humana al campo de lo material.
Para Eduard de Bono, experto en creatividad y creador del pensamiento divergente, la dificultad principal que conlleva el pensamiento es la confusión. “Intentamos hacer demasiado al mismo tiempo. Las emociones, la información, la lógica, y la creatividad nos agobian. Es como hacer malabarismo con demasiadas pelotas”

¿Qué es ser creativo?
En primer lugar, ser creativo es ir más allá del aprendizaje académico, o del mero manejo de información, es desafiar las leyes de la evidencia para explorar con audacia terrenos desconocidos y sobre todo, son las ganas de “comerse el mundo”, con una actitud vital, sin compulsión ni prisas.
Cuando abordo el tema de la creatividad siento a mi alrededor una compungida curiosidad y a la vez una gran resistencia a considerarla como una herramienta. M. J. Ricarte, experto en creatividad publicitaria, afirma que todos poseemos al menos tres habilidades fundamentales para desarrollar nuestras dotes creadoras:

• Una capacidad de decisión nacida de nuestra propia potestad de obrar con libertad y reflexión;

• Una actitud creativa, específica y personal, y

• Una predisposición al aprendizaje permanente.

La creatividad como herramienta no es un destino, sino un viaje, concluye.

Ya sea en un ámbito específico o cotidiano, el perfil de las personas creativas podría ser el siguiente:

• Tienen mayor fluidez y facultad para generar ideas.

• Las personas creativas tienen una gran capacidad de trabajo.

• Pueden pensar en varios registros o categorías.

• Aportan respuestas únicas y novedosas a los problemas que se les plantean.

• Son inconformistas y disfrutan con una actitud algo transgresora y provocativa.

• Las personas creativas manifiestan una gran tolerancia a la ambigüedad y muestran mucha paciencia.

• Poseen una gran dosis de imaginación.

• Tienen una gran voluntad para superar obstáculos.

Algunos expertos han identificado otros rasgos que determinan al individuo creativo y son los siguientes:

• Juicio independiente.

• Autoconfianza.

• Orientación estética y

• Asunción de riesgo.

Y desde la teoría humanista, Maslow habla de:
• La valentía

• El coraje

• La libertad

• La espontaneidad

Y a modo de conclusión no olvidemos que:

• Todos poseemos, en grados diferentes, una capacidad creadora. El ejercicio de la creatividad no está sólo reservado a talentos, prodigios, genios o expertos. Aquellos que no gozamos de un talento relevante, también podemos hacer uso de este don de la naturaleza.

• La inteligencia no es el único factor que determina el grado de creatividad.

• La creatividad no sólo se escribe con mayúscula. Podemos ser creativos ejerciendo la “otra creatividad”, la cotidiana, modesta, pero de probada eficacia y muy poco reconocida.

• El déficit de creatividad en algunas personas, se debe más a bloqueos que a carencias intrínsecas insuperables.

• El miedo, la vergüenza, la pereza, la baja autoestima, son los frenos mas frecuentes de nuestro talento creador.

• El proceso creativo, cualquiera sea su envergadura, no es únicamente un proceso inconsciente, intervienen estímulos externos determinados por factores sociales, culturales e históricos.

• La creatividad cotidiana se manifiesta cuando surge la necesidad de resolver un problema.

• La sociedad de la abundancia, y la practica del consumismo como método para resolver nuestros problemas merma de modo considerable nuestra capacidad creadora.

• ¡¡Eureka!! no es la expresión de una inspiración repentina, es la culminación de un proceso que puede ser largo y laborioso.

• Equivocadamente pensamos que las grandes obras recorren todas las fases de creación sin tropiezos, y que nacen con más gloria que pena. Se les atribuye una perfección congénita. En toda obra que se respete hay borradores de titubeante calidad seguidos de fracasos momentáneos, desaliento, tentativas de abandono, pero finalmente, si hay empeño, pasión y, en el caso de las grandes obras, talento innato, el éxito está casi asegurado.